lunes, 20 de febrero de 2012

6 de Febrero; Dia contra la mutilación genital femenina (MGF)


Fatou no sabe a qué edad la mutilaron. Debió de ser a los pocos días de vida, no recuerda nada. Sólo sabe que fue su abuela la que le practicó la ablación, porque ésa es la tradición entre los mandinga, la etnia de la que proviene. /.../ A sus 39 años, ha vuelto a la vida. Ha recuperado la ilusión, las ganas de relacionarse. Ha descubierto las posibilidades de su sexualidad. /.../ Fatou es un nombre ficticio para proteger la identidad de esta mujer senegalesa. Ella dice que algún día se pondrá al frente en la lucha contra la ablación y no le importará que se la reconozca en la foto, pero aún es pronto para eso.
Su historia es la de más de 100 millones de mujeres a lo largo y ancho del planeta. La inmensa mayoría, procedentes de África. Millones de mujeres a las que se les amputó la vida para seguir ancestrales tradiciones machistas que aún hoy perviven: cada día, 8.000 niñas corren el riesgo de ser sometidas a la amputación de sus genitales, según un informe de Amnistía Internacional.
Entre los mandinga, cuenta Fatou, la ablación viene de tiempos en que los hombres se iban a la guerra. "Lo hacían para evitar que las mujeres tuvieran tentaciones, para evitar que tuvieran ganas".
Fatou nació en Thies, a 70 kilómetros de Dakar, en una familia "moderna". Se crió en un ambiente en el que se estudiaba, en el que se hablaban idiomas: el padre, profesor; la madre, secretaria. Las primeras conversaciones de sexo con las amigas, en plena adolescencia, despertaron los primeros temores. Se daba cuenta de que, anatómicamente, no era como ellas. "Empecé a sentirme un bicho raro", recuerda. En la televisión se empezaba a hablar por aquellos años de la ablación, ese fenómeno al que había que poner freno.
Tenía relaciones con chicos, pero nunca llegaba "hasta el final". No tenía por qué dar más explicaciones; en países como Senegal, de la mujer se espera que llegue virgen al matrimonio. Fue en una visita al ginecólogo, a los 22 años, cuando tomó plena conciencia de lo que le pasaba, la maldita palabra se convirtió en condena: ablación. Fatou entró en estado de shock. No tenía nadie con quien comentarlo. Ni con su familia, ni con sus amigas, ni con sus novios. "La ablación es un tabú: nadie habla de ella, no se ve nada en ningún lado, no se puede sospechar que existe, pero allí está".
Tras años trabajando como profesora en su país de origen, llegó a España en octubre de 1999. Una nueva visita al ginecólogo volvió a desatar el tormento. La especialista no había visto nunca a una mujer víctima de la ablación. Miró, se calló y se fue a cuchichear con la enfermera. Fatou volvió a sentirse, una vez más, un bicho raro. Humillación. Impotencia. Rabia. /.../
Buscando en Internet, se encontró con que en Francia había un médico que realizaba operaciones de reconstrucción de los genitales femeninos, el doctor Pierre Foldes. Ella vivía por aquel entonces en Valencia. Ya estaba dispuesta a irse a Francia cuando se enteró de que en Barcelona había un cirujano que también realizaba esa intervención.
/.../ Pere Barri Soldevila se acomoda en la butaca de su consulta en el Instituto Dexeus de Barcelona. Las operaciones de reconstrucción de clítoris son sólo un 1% de su actividad, pero le reportan grandes satisfacciones profesionales. Este cirujano de 33 años conoció la técnica del doctor Foldes durante su estancia en el hospital Bichat-Claude Bernard de París, en 2005.
Existen tres tipos de ablación. La tipo I consiste en la escisión del clítoris. La tipo II añade la amputación de los labios menores y es la más común. La tipo III supone además el sellado de labios mayores, dejando un pequeño orificio para las funciones fisiológicas.
El doctor Pierre Foldes, urólogo, empezó a investigar hace ya 20 años, tras varios de cooperación humanitaria en África. Para reconstruir el clítoris adaptó una técnica de alargamiento de pene. El clítoris mide 10 centímetros, sólo una pequeña parte es externa. Está anclado a la base del pubis mediante un ligamento. Seccionando el ligamento, se consigue que vuelva a emerger. "Luego queda anclarlo a la base del pubis, darle volumen y darle forma", explica Barri Soldevila. "Los resultados son muy buenos. A los chicos les pasa inadvertido que una chica ha sido operada".
La operación que realiza Barri Soldevila es gratuita. Forma parte de la línea de responsabilidad social corporativa de la clínica Dexeus y de la ONG que de ella depende, Matres Mundi. El coste de la operación, en realidad, gira en torno a los 1.800 euros, dice Barri, excluidos los honorarios del cirujano y el anestesista. "Es fundamental que las instituciones se involucren; lo ideal sería que estas operaciones las cubriera la Seguridad Social", reclama. El Departament de Salut de la Generalitat anunció en abril de 2008 su compromiso de financiar la operación a las mujeres que lo soliciten.
El hospital Dexeus tiene asumido seguir haciendo en torno a 15 intervenciones al año. Esperan que la técnica se traslade a otros hospitales de España. La primera reconstrucción la realizaron en 2007. Desde entonces han efectuado más de 20. En el 90% de los casos se consigue una restitución anatómica. En el 75%, una restitución funcional, es decir, la mujer recupera la capacidad de tener orgasmos.
Fatou ha recobrado esa capacidad. "Ahora estoy menos nerviosa, antes tenía mucho carácter. Me siento mucho más guapa y orgullosa de mi cuerpo". Se casó en mayo pasado en su país de origen, Senegal. Su marido, que vive allí y pronto vendrá a España, aún no sabe que ella se ha operado. Han estado juntos hace un mes, él no se ha dado cuenta de nada, ella no le ha dicho nada. "Algún día se lo diré. De momento, quiero disfrutar de mi victoria dentro de mí".