jueves, 27 de junio de 2013

Situación de la mujer bereber IV

El matrimonio: destino inevitable de las mujeres 

El matrimonio es la piedra angular de la estructura social bereber. Es el destino socialmente constituido y refrendado por la religión musulmana; para el Islam, el matrimonio es el cumplimiento de "la mitad de su religión" para todo creyente. El celibato es condenable porque es contrario al desarrollo de la Umma, la comunidad de creyentes. El rito matrimonial ampara la sexualidad de los cónyuges y, sobretodo, legitima la procreación de nuevos miembros para el patrilinaje. 
La elección de los cónyuges sigue siendo, en la actualidad, asunto de familia, especialmente en el medio rural. Prevalece el matrimonio endogámico patrilineal, siendo el primo paralelo o el tío paterno los candidatos idóneos para unirse a la hija. Esta endogamia se extiende a la tribu o pueblo, a excepción de los bereberes del Sous marroquí, donde están prohibidos los enlaces entre jóvenes de la misma población. En este mismo contexto geográfico, tiene lugar una insólita práctica denominada Muggar o Agdud: cada año, precediendo la época de labranza, las jóvenes, acompañadas por sus madres y abuelas, se encuentran con jóvenes solteros en las ferias o alrededor de la tumba de algún santo. Entre bailes, las mujeres eligen entre los candidatos a su futuro marido. Hart ha recogido los Agdud de Imichil: "después de la danza, las jóvenes pueden concluir su matrimonio ante la presencia de un cadi, previsto a tales efectos. La compensación matrimonial que el hombre ofrece es modesta pero el matrimonio debe ser fecundo en el curso del año, sino, se debe ofrecer un sacrificio al santo Sidi Hamd ul Mrani" (HART,1982:36). Esta transgresión a la norma muestra un nexo indisociable ente la fertilidad de la mujer y la de la tierra: la libertad de elección a las mujeres les es tolerada por su condición de procreadoras, no como sujetos femeninos. 
Los matrimonios precoces responden a razones de orden económico e ideológico, por un lado, la familia consigue desembarazarse del deber económico de manutención; además, cuanto más joven se case, mayor será su descendencia. Por otro lado, el riesgo para el honor familiar se reducen traspasando la responsabilidad de la mujer a la nueva familia. En la actualidad, debido a los rápidos cambios estructurales, tanto económicos como comportamentales, que se están sucediendo en todo el Magreb, la edad media del primer matrimonio para las mujeres se ha elevado considerablemente: en el caso de la mujer rural marroquí, en 1960 era de 17 años, llegando a 21,5 en 1987. 
No es la concepción de compañera y esposa la que acompaña a la novia: sus únicas virtudes posibles son ser madre y trabajadora doméstica. Existe una separación entre sexualidad y afectividad. Los cónyuges están obligados a mantener entre ellos una cierta distancia; durante el día no existe intimidad posible y no es común dirigirse entre ellos por su nombre. La pasividad femenina en las relaciones sexuales es una cualidad esperada: las mujeres no deben mostrar ni deseo ni experiencia. Según Chebel, el coito se realiza en el más absoluto silencio y con la máxima rapidez. No se desnudan ante el marido: de hecho, es motivo de orgullo femenino afirmar que el marido sólo la ha visto "de cintura para arriba" . Chikaoui va más allá al afirmar: "la concepción del matrimonio es tal que casarse significa: tener una mano de obra, una limpiadora, una cocinera, un vientre que transporta y hace a los niños, un orificio que se puede penetrar para eyacular y satisfacerse" (CHIKHAOUI, 1995:68). 
La fiesta matrimonial o tamgra es básicamente una manifestación de vida colectiva, de comunicación social. Los hombres de la familia son los encargados de la parte oficial, pública, pero son las mujeres casadas las verdaderas protagonistas de la fiesta: la madre del novio juega un papel fundamental en la elección de la nuera o tislit, así como en la preparación de la dote. Los espacios festivos están estrictamente separados por sexos, una vez instalada la novia en la casa de su nueva familia, son las mujeres adultas, señoras avaladas por su condición de madre de varones las protagonistas indiscutibles de los ritos y la diversión. En la fiesta exclusivamente femenina, durante la cual la novia permanece sentada, totalmente velada e inmóvil, las mujeres-madres se entregan a danzas sensuales y, en ocasiones, frenéticas, liberadoras, sin duda, del exceso de tensión acumulada por el estrecho rigor y control sobre sus vidas cotidianas. Es también una vía de iniciación a la sexualidad para las más jóvenes, por medio de la expresión corporal: "es una enseñanza reservada a las mujeres, la transmisión de un saber exclusivamente femenino que puede ser una revancha, un medio para ellas de hacer presión sobre los hombres. Por eso, ellos prefieren tomar el partido de ignorar lo que ocurre, de mantener oculta esta manifestación femenina" (LACOSTE-DUJARDIN, 1993:46). 
A los bailes desinhibidos se unen las canciones o urar: "es un canto muy tradicional y algunas mujeres demuestran ser mujeres de cultura, poetisas muy expertas en preparar los cumplidos" (p. 42). Estas expresiones artísticas, además de enfatizar la fecundidad en el matrimonio, incluyen una denuncia simbólica al dominio masculino y sus flaquezas: las mujeres cantan "loas" a los hombres de la fiesta en un tono irónico e impregnado de una reverencia ficticia. 
La ostentación pública de la virginidad de la joven se observa con mayor rigor en el Tell magrebí, aunque las mujeres se muestran cada vez más flexibles con la tradición. Cuando esta se lleva a cabo, los yuyus de las mujeres se mezclan con el entusiasmo de todos los miembros masculinos asistentes a la fiesta: el honor de ambas familias está salvado. 
La poligamia es una práctica aún común en el ámbito rural magrebí, sobretodo por hombres de elevada posición social y económica. Tradicionalmente ha significado un reclutamiento de fuerza productiva, unido a una exigencia ideológica que prestigia al hombre polígamo ante su comunidad. Cuando esta tiene lugar, se establece una jerarquía entre las co-esposas o tecna: la primera esposa, generalmente abandonada sexualmente en favor de las más jóvenes, recibe a cambio la compensación de la administración doméstica y el control de las relaciones entre las otras esposas. Las mujeres más jóvenes suelen encargarse de las tareas más pesadas, tanto en el ámbito del hogar como en los trabajos agrícolas o pastorales. 
Existen rivalidades a nivel doméstico y reproductivo ( a mayor número de hijos, mayor es el prestigio ante el marido) entre las esposas, pero también se desarrolla una solidaridad estratégica para enfrentar la autoridad del marido que incluye una asistencia mutua. Remi Clignet señala acertadamente que "la paradoja de la poligamia es que esta permite reforzar el poder del marido pero a la vez esta se debilita por esta complicidad eventual y potencial de las esposas. Cuantas más mujeres, más aumenta las fuentes de oposición a su autoridad" (op.cit. en BOURQUIA, 1995:112).