lunes, 5 de marzo de 2012

La buena relación entre la sociedad española y los ciudadanos inmigrantes crece año tras año

“Cuando oye la palabra inmigración, ¿qué es lo primero que le viene a la mente?”. El 42 % de los españoles acepta la inmigración y comprende sus causas mejor que en 2008, según se desprende del informe `Evolución del Racismo y la Xenofobia en España´, realizado en 2010 por el Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (Oberaxe).
La actitud que los españoles manifiestan hacia los inmigrantes depende, en gran medida, de la imagen preconcebida que tienen de ellos. Oberaxe formula cuestiones como la que abre este texto con un objetivo prioritario: conocer el estado de la opinión pública ante las migraciones con el fin de erradicar los estereotipos y contribuir a la integración racial.
El informe 2010, elaborado por tercer año consecutivo, parte de los datos desprendidos de la encuesta del CIS- OBERAXE 2009. El cuestionario empleado mantiene la estructura y características de ediciones anteriores, por lo que permite la justa comparación entre etapas.
La novedad de la encuesta 2009 radica en la inclusión de dos indicadores que no estuvieron presentes en 2008: la problematización de la violencia y la justificación de la misma. Por lo demás, los indicadores que conforman cada una de las dimensiones latentes del racismo y xenofobia son los mismos que en la encuesta de 2008, a saber: la aceptación de la convivencia con inmigrantes, la detracción de prestaciones sociales, la conveniencia de la sociedad multicultural y pluriétnica, la concesión de derechos a inmigrantes, la detracción de oportunidades laborales, la permisividad de la política inmigratoria, la refractarividad a la sociedad multicultural, la necesidad de la inmigración y penalización del racismo.
No existe antídoto alguno para combatir males sociales como la xenofobia y el racismo, pero lo que los autores del documento referido tienen claro es que la fórmula debe incluir trabajo y esfuerzo mutuo. Para María Angeles Cea d´Ancona y Miguel S. Vallés Martínez, la integración es un proceso bidireccional, por lo que la erradicación del racismo no se entiende sin la colaboración entre las dos partes implicadas en el proceso. En esta ocasión, la actitud evaluada es la de la sociedad de acogida.
Los españoles, por tercer año consecutivo, confirman la tendencia a recurrir a la propia historia migrante para justificar la necesidad foránea de emigrar, una postura que demuestra empatía hacia el vecino extranjero. Posiciones similares a ésta conforman el 42% del total; sin embargo, un 29% de la población sigue pensando que la inmigración trae malas consecuencias para el país. Esta actitud negativa ha descendido algunos puntos con respecto a 2008; una buena noticia que no elude la necesidad de seguir trabajando. En este sentido, es fundamental la Estrategia Nacional e Integral de lucha contra el Racismo y la Xenofobia, actuación a la que hace referencia al Plan de Derechos Humanos aprobado por el Gobierno el 12 de diciembre de 2008.
¿Hay tantas respuestas personales ante la inmigración como ciudadanos en España? Los resultados de las encuestas demuestran que no, puesto que recogen cierto tipo de opiniones que se repiten bajo los mismos términos. Se trata de la consecuencia de un proceso de generalización que, llevado a su extremo negativo, se convierte en estigma.
En cifras, para el 29% de la ciudadanía autóctona la inmigración supone un impacto negativo sobre el mercado laboral, contribuye a aumentar la inseguridad de los ciudadanos o reduce el número de ayudas públicas para ciudadanos autóctonos (bajo el paraguas del principio de preferencia, los españoles denuncian la acaparación de dichas ayudas por parte de los extranjeros).
Esto último se suma al ligero descenso de la aprobación autóctona ante la concesión de derechos ciudadanos a los inmigrantes. Parece que parte de la opinión pública toma el camino opuesto al que están tomando los responsables políticos del país ante el hecho migratorio, y este hecho se puede poner en paralelo con la crisis financiera. La dificultad económica acrecienta el miedo general a que el extranjero tenga la posibilidad de comportarse como un ciudadano más: cobrando el subsidio del paro, votando en las elecciones municipales y nacionales, creando asociaciones para defender sus derechos o, simplemente, obteniendo la nacionalidad española. No obstante, tan solo es una minoría, cercana en casi todos los casos al 20%, la que se opone a este tipo de “concesiones”. La extensión del derecho de sufragio es la medida menos aceptada, situándose la sociedad española en división.
En esta línea, cuatro de cada diez españoles consideraban en 2009 que el autóctono recibe al inmigrante “con desconfianza”, un sentimiento que puede reflejarse tanto en las actitudes negativas hacia la inmigración como en la oposición a la creciente ampliación de derechos ciudadanos del extranjero. El problema se agrava especialmente cuando dicha desconfianza, nacida del estereotipo, se traduce en violencia.

Magnificación de la violencia extranjera

En 2007, el relator especial de la ONU sobre formas contemporáneas del racismo, discriminación racial, xenofobia e intolerancia relacionada, Doudou Diene, denunciaba el aumento de la violencia racista en el mundo. En 2009, la opinión pública española señalaba que las agresiones por parte de inmigrantes a españoles son uno de los mayores problemas de su estancia en el país. Esta actitud crecía cuatro puntos con respecto a 2008. La criminalización del inmigrante parece más notoria, pero la realidad encierra otra verdad silenciada.
Si el racismo y la xenofobia, como apunta June Kane (en colaboración con el equipo de dirección del Programa Daphne de la Comisión Europea), constituyen “una infracción directa de los principios de dignidad, libertad, democracia, respecto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales”, más punible será el ejercicio de la violencia por motivo del odio. En relación con dichas actitudes existen a su vez unos límites a la libertad de expresión como garantía de los derechos fundamentales mencionados. En este sentido, Internet puede constituir un mecanismo escurridizo para la expansión del odio, cuestión que preocupa también al Observatorio Español.
No obstante, prácticamente en todas las cuestiones abordadas en el informe de Oberaxe (en función de la religión, raza, cultura o país de origen de los extranjeros) los resultados positivos son superiores a los obtenidos en 2008, y si algo debe gratificar enormemente a los autores y lectores del tercer informe sobre el racismo y la xenofobia, es el hecho de que la convivencia entre inmigrantes y autóctonos mejore año tras año. La relación laboral o de estudio es ya aceptada por el 81% de la población española. Mientras, las relaciones de amistad entre inmigrantes y españoles, pilar indiscutible de la convivencia social, siguen creciendo.

 elaborado en 2010 - (PDF)

También puede acceder a él a través de la web del Observatorio Español de Racismo y Xenofobia